Con vacíos que ni siquiera recordaba cuando había empezado a sentir. Puede que mucho antes de que su memoria empezase a funcionar.
Siempre tenía la sensación de que continuamente tomaba decisiones incorrectas que la llevaban a cometer errores con unas consecuencias nefastas. Que iba de un error a otro restregándose el anterior hasta que tropezaba con el siguiente.
Tenía tantas cicatrices que parecían trazar un mapa sobre su alma. Algunas que apenas se notaban ya, otras aún permanecían enrojecidas y por último estaban aquellas que solían abrirse e infectarse con frecuencia. Nunca dejaba que se curasen bien. Siempre huía corriendo lejos de todo lo que había pasado cuando aún estaba sangrando y quizá por eso quedaban unas marcas tan desmedidas y desiguales. Aunque lo cierto que todas ellas gozaban de cierto encanto cuando las mirabas; ese tipo e encanto propio de las cosas que esconden un secreto tan doloroso que si te dejan conocerlo ya nada nunca será igual.
Acostumbraba a utilizar melodías prohibidas como medicina y palabras desgarradoras escritas en trazos irregulares como vendas.
Pero se rompió tantas veces, por tantos sitios, que los curanderos apenas sabían como mantener unidas las partes que se habían separado.
En cierto modo, siempre fue algo salvaje. Poseía la belleza de aquellos que avisaban desde lejos que nunca pertenecerían a nadie.
Por eso decidió marcharse. Lejos, muy lejos.
Allí donde el sol estuviese siempre en pie, y no toda esa nieve que siempre les rodeaba. Más allá de los límites que nunca había cruzado.
Y entonces descubrió que nunca había sido libre. Que ser dueña de sí misma solo había sido una ilusión. Porque fue entonces cuando vio unos ojos enormes mirándola a través de lo que parecía algo vidrioso. Una luna que la mantenía encerrada en lo que ella creía su hogar, y que ahora descubría que no era más que una bola de cristal con un pequeño mundo dentro rodeado siempre de copos de nieve.
Y en aquel momento se quebró para siempre.
No de la forma en la que lo había hecho hasta ese momento. Sino como la figura de cristal que siempre había sido.
Descomponiéndose en millones de insignificantes fragmentos que nadie podría volver a juntar jamás.
