domingo, 10 de diciembre de 2017

Seis años después

Recuerdo. Te recuerdo.
Un golpe seco.
Cojo aire, respiro. Pero duele. Dueles.
Aún dueles.
Siempre lo harás.
No hay cura posible, no hay anestesia
ni droga que me haga olvidarte.
Las heridas invisibles que me dejaste
son las únicas que no he sido capaz de cicatrizar.
Se reabren constantemente
y se me cuelan las ganas
y la vida.
Se me encoge el corazón al pensarte
me empequeñezco
al ver lo grandes que podíamos haber sido
y lo insignificante que me siento yo sola.
Soy adicta al dolor
que me produce tu no recuerdo
las imaginaciones
de un futuro que ya nunca podrá existir.
¿Cuándo me demostrarás que no me equivoqué?
Necesito saber que perderte sirvió para algo.
Sigue esperándome. Hasta que seamos etéreos.
Aún mantengo mi promesa.

1 comentario:

  1. A veces es mejor aceptar la derrota y dejar ir, al menos por nuestro bien. No es sano condenarse a la espera eterna de quien sabemos que nunca volverá, aunque lo deseemos con todo nuestro ser.

    Un besito

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