miércoles, 25 de marzo de 2015

Hielo y Cristal

Llevaba toda la vida sintiendo que estaba corriendo hacia ninguna parte.
Con vacíos que ni siquiera recordaba cuando había empezado a sentir. Puede que mucho antes de que su memoria empezase a funcionar.
Siempre tenía la sensación de que continuamente tomaba decisiones incorrectas que la llevaban a cometer errores con unas consecuencias nefastas. Que iba de un error a otro restregándose el anterior hasta que tropezaba con el siguiente.
Tenía tantas cicatrices que parecían trazar un mapa sobre su alma. Algunas que apenas se notaban ya, otras aún permanecían enrojecidas y por último estaban aquellas que solían abrirse e infectarse con frecuencia. Nunca dejaba que se curasen bien. Siempre huía corriendo lejos de todo lo que había pasado cuando aún estaba sangrando y quizá por eso quedaban unas marcas tan desmedidas y desiguales. Aunque lo cierto que todas ellas gozaban de cierto encanto cuando las mirabas; ese tipo e encanto propio de las cosas que esconden un secreto tan doloroso que si te dejan conocerlo ya nada nunca será igual.
Acostumbraba a utilizar melodías prohibidas como medicina y palabras desgarradoras escritas en trazos irregulares como vendas.
Pero se rompió tantas veces, por tantos sitios, que los curanderos apenas sabían como mantener unidas las partes que se habían separado.
En cierto modo, siempre fue algo salvaje. Poseía la belleza de aquellos que avisaban desde lejos que nunca pertenecerían a nadie.
Por eso decidió marcharse. Lejos, muy lejos.
Allí donde el sol estuviese siempre en pie, y no toda esa nieve que siempre les rodeaba. Más allá de los límites que nunca había cruzado.
Y entonces descubrió que nunca había sido libre. Que ser dueña de sí misma solo había sido una ilusión. Porque fue entonces cuando vio unos ojos enormes mirándola a través de lo que parecía algo vidrioso. Una luna que la mantenía encerrada en lo que ella creía su hogar, y que ahora descubría que no era más que una bola de cristal con un pequeño mundo dentro rodeado siempre de copos de nieve.
Y en aquel momento se quebró para siempre.
No de la forma en la que lo había hecho hasta ese momento. Sino como la figura de cristal que siempre había sido.
Descomponiéndose en millones de insignificantes fragmentos que nadie podría volver a juntar jamás.

3 comentarios:

  1. A veces tenemos que rompernos para volver a reconstruirnos.
    El mejor cuadro surgió de un boceto.
    El más intenso poema de una reflexión en la ducha, en la cama, la parada del autobús...
    La cuestión no es dejarse morir, si no permitirte vivir.
    Reinventate.

    Me quedo.

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  2. Quizá no se tratase de que nadie juntase los trozos, sino que ella misma se permitiese reconstruirlos y volver a brillar antes de las tragedias. Pero para ello tiene que frenar en seco, y enfrentarse a todo aquello a lo que teme, no huir. (Y qué bonito es decirlo, y qué difícil hacerlo).

    Besos

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  3. Siempre me ha encantado la combinación entre el hielo y el cristal. Quizá porque me recuerda en parte a ese libro que aún sigue siendo mi preferido aunque ya no sea capaz de leerlo.
    Se que quizá la temática de tus textos te parezca un poco más repetitiva, a mi lo cierto es que me encantan. Porque a diferencia de antes escribes desde otro tipo de perspectiva, eres capaz de escribir del dolor sin sentirlo en ese momento y eso ya es tan importante...como necesario.

    Siempre me he encontrado muy bien detrás de tus palabras, es como si cuando escribes sobre tí supiese que parte de todo eso también me describe a mí, quizá es porque siempre hemos tendido a sentir de una manera parecida y escribir sobre ello nos hace, de alguna manera, distintas.
    A veces Cold sabes que somos nosotros quienes nos encerramos al resto, quienes nos ponemos barreras por miedo a que otra persona entre y por miedo a salir y no volver a entrar. Porque la seguridad es tan necesaria como insuficiente, y lo sabes. Pero ahora me alegro de que gran parte de tí se sienta segura, porque se te nota, que incluso detrás de todo lo que sientes te ves con más fuerza, te ves más tú y menos todo lo demás.

    Entiendes muy bien las cicatrices. Son como recordatorios de vidas pasadas y digo vidas porque parece haber pasado un mundo desde que me confesaste tu primera cicatriz y parece que cuando hablamos de ello es porque lo hemos vivido en otra vida diferente, alejado de todo esto, como si hubiésemos sido otras personas diferentes y no nosotras. Y en parte es cierto, ya no somos esas personas, somos lo que nuestras cicatrices cuentan de nosotras. Ellas no mienten.

    No creo que seas imposible de recuperar. Creo que todas esas partes siguen rotas dentro de tí pero ya no son capaces de dañarte, porque ya no tienen ese poder, porque ya no duele tanto la intensidad de su recuerdo. Ahora te veo Cold y te veo más tú, mucho más de tú de lo que pensaste que podías ser. Y me alegro, porque me encanta que escribas, me encanta poder leerte y que esa parte que nos conquistó aún sigue viviendo entre nosotras.

    Hace mucho dijimos, como bien me recordaste, que había una conexión. Como si dos mentes se hubiesen fusionado en algún punto imposible de separar.

    Yo aún creo en esa conexión.

    Te quiero mucho Cold :) gracias por todo. Por todo lo que está por llegar, también.

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