lunes, 1 de julio de 2013

Sin sentido

Era el rincón más tranquilo de mundo, su pequeño descanso de paz, donde huía siempre que algo le atormentaba.
Caminó despacio hasta sentarse en el borde del acantilado desde donde podía ver una gran extensión de colores azules y verdes en todo su alrededor. Las olas chocaban contra el acantilado logrando que algunas gotas salpicasen su cara. Desde allí todo se veía con más claridad, pensó.
Le gustaba ese lugar porque nadie en su sano juicio se atrevería a ir hasta allí, claro que ella hacía mucho que había perdido cualquier resquicio de cordura. Parecía aferrarse al peligro más que a la vida.
Se levantó como pudo y aspiró una bocanada de aire que la hizo sonreir. Decidió que era hora de marcharse si no quería tener problemas y empezó a desandar el camino, pero en el último paso algo le hizo cambiar de opinión: quería ser libre.
El salto al vacio fue la sensación más agradable de su vida.
Cuando despertó, el interior del psiquiátrico la opromía de nuevo desde todos los ángulos de su visión. El olor de la habitación la revolvió el estómago. Notaba todas las miradas fijas en ella. Todas riéndose. Todas burlándose.
Lo que ninguno sabía es que ella había conseguido su propósito. Ser sirena por un día.

domingo, 19 de mayo de 2013

Y como remedio: Volar

Apenas es ya uno de los numerosos recuerdos que atormentan mi alma. Uno de esos recuerdos que ni toda la tinta del mundo, por muy mágica que sea, consigue sanar.
Pero es que veces tenemos secretos escondidos en forma de recuerdos que atormentan el alma y paralizan al corazón, haciéndonos sentir débiles.. aunque al final sea la única manera de poder ser más fuertes.
Lo sé, es un juego enrevesado en el que tenemos mucho que perder. El de enfrentarnos a nuestros peores recuerdos, digo. Por si no quedaba claro siempre son ellos los primeros en mover ficha, pillándonos desprevenidos cuando menos nos lo esperamos, haciéndonos retorcer de dolor aunque sea solo por un segundo. Está de más decir que  juegan con ventaja, tienen unos poderosos alíados: los sueños y la memoria. En cuanto a nosotros... solo nos queda la promesa del tiempo, la paciencia para curar nuestras heridas y ese pequeño defecto de fábrica que tenemos todos de ir olvidando pequeños detalles que en otro tiempo nos parecieron el mundo entero.
Y en tiempos de tregua... tenemos que intentar volar. Volar para intentar olvidar que el hecho de que oigamos latir a nuestros corazones, no significa que no estén rotos por todos los sitios posibles. Volar para sanarnos, porque al final, la única forma de curar nuestros corazones es hacerles sentir que pueden palpitar con la misma fuerza que antes sin quebrarse al primer intento.

martes, 23 de abril de 2013

But sometimes they come back...

A veces la gente te sorprende.
A veces te sorprenden incluso cuando crees que ya nunca más podrán hacerlo, cuando has intentado cerrar con llave ventanas y puertas que podrían conducir hasta tí y aún así encuentran el camino para hacerlo.
Siempre he odiado que la gente se fuese de mi vida. Que se marchasen sin dejar rastro, como si nunca hubiesen estado allí, dejando ese vacío tan enorme y oscuro. Pero... ¿Y si alguien volviese? ¿Y si.. por una vez, tan solo una vez, alguien pareciese haberle dado sentido a la única promesa que de verdad merece la pena?
Creo que sería mágico. Y yo, adoro la magia por encima de todas las cosas.


lunes, 1 de abril de 2013

Solo por ser hoy..

Ayer intenté pensarte, y  me di cuenta de que ya no recordaba tu voz. Intenté que me hablases, que me gritases, pero definitivamente he olvidado su sonido. También tu olor, y el eco de tu sonrisa, pero de eso me di cuenta más tarde, mucho después de que la imagen de tu recuerdo, antes tan nítida, se desdibujase hasta distorsionarse por completo.
Es curioso como los recuerdos nos eligen. Cuando vivimos algo nunca pensamos en lo que recordaremos cuando ya no lo tengamos, y cuando aparecen las primeras imágenes nunca son las esperadas. Tenemos tendencia a creer que recordaremos los grandes momentos y sin embargo, a la hora de la verdad, nos aferramos a pequeños gestos, a nimiedades cotidianas.
Ayer intenté pensarte, y ya no me vi en aquel coche junto a tí. Me fui alejando hasta que solo pude ver a dos personas que me parecieron completas desconocidas.
Y sonreí, porque  parecía que se querían.
Pero entonces me di cuenta de que éramos tú y yo.

sábado, 16 de marzo de 2013

Corazón deshabitado

¿En qué momento el corazón se cansa de dejar en manos de otros la partitura de sus palpitaciones?
La verdad es que no lo sé.
Como tampoco sé cuando se cansó el mío, cuando se empezó a apagar y se dejó morir sin hacer apenas ruido. Puede que se cansase de interpretar siempre los pentagramas más enrevesados, de intentar crear sus obras maestras y nunca terminar ninguna. Al fin y al cabo siempre tuvo un poco de complejo de melodía interminada.
Supongo que no debería quejarme de no sentirlo, de no sentir nada bajo mi piel. El corazón se me ha roto tantas veces y en fragmentos tan minúsculos, que al final encontrarlos todos se ha vuelto imposible. Por eso miro los pocos que me quedan desde la distancia, sin llegar a pegarlos ni a introducirlos de nuevo dentro de mí.
Eran preciosos. Una pena que no me diese cuenta antes.
No sé, imagino que solo es una muestra más de agotamiento. De levantarme y no sentir absolutamente nada. De no pertenecer aquí, ni a ningún sitio. De no saber quién soy, ni como volver a ser yo misma.
Pero en fín, no sé, puede que todavía haya gente que piense que para encontrarse primero hay que perderse.
Puede que aún exista esperanza.