A las 8:50 el mundo despierta, y esa calle, mi calle, parece revolverse al compás de la sinfonía de cualquiera de aquellos locos que dedicaron su vida a la música. Las notas de un viejo tocadiscos salen en forma de una despedida que una adorable ancianita espera desde hace más de cinco décadas y nunca tendrá. Mientras, uno de sus vecinos, aquel extraño hombre que suele llevar peluquín porque aún pretende parecer joven sin dejar de ser el casanova que fue años atrás, recibe la noticia de que su hijo que llevaba años en la guerra, falleció salvando un compañero. Unas notas de un violín mal afinado suenan desde el otro lado de la calle, y el perro que solo tiene tres patas intenta en vano perseguir al gato persa de los vecinos más ricos de la calle. El llanto de un bebé que acaba de nacer se solapa con las risas de unos amigos que llevaban años sin verse y han decidido celebrar el reencuentro con más alcohol del que soportaran sus mujeres cuando vuelvan a casa. Un niño cae de su bicicleta mientras intenta aprender a montar sin ruedines y el coche que trae de vuelta a casa a la tía lejana de los vecinos de la casa verde, tiene que parar para no atropellarle. La "madame" que en su juventud había sido la estrella del burdel de la esquina, ahora vuelve a casa con las medias rotas y el maquillaje corrido, preguntándose qué podrá hacerse hoy de comer. La hija de los señores del cuarto se mece en su habitación, sin parar de llorar, pensando que definitivamente se ha vuelto loca, que ya ni siquiera sabe cuantos días lleva encerrada allí, sin poder entender porque nadie sabe de su existencia justo cuando llega su madre, la misma que vive todos los días en la única mansión de lujo de la ciudad y tiene que escaparse a ese piso alquilado para llevar su doble vida, aquella que siempre le hubiese gustado tener. Dos extraños acaban de cruzar una sonrisa, sin saber que en unos años estarán felizmente casados. Un matrimonio discute mientras ocho personas hacen el amor. El chico de los recados le entrega una carta en secreto a la joven de la mansión, planeando una fuga que nunca llegará a realizarse. De la única tienda que hay sale olor a pan recién hecho y empieza a llenarse de gente. El mendigo ocupa su puesto a la puerta, ocultando tras una larga barba que en algún tiempo había pertenecido a la clase más pudiente de la ciudad. La viuda del segundo sale corriendo porque no le da tiempo a llegar a su cita semanal con el peluquero, del que todos menos él, saben que está enamorada. Los niños salen de sus casas con la mochila colgando, y las zapatillas a medio abrochar para no llegar tarde al colegio.
Y yo.. Yo llego al final de la calle. Solo son las 9:00 de la mañana. Me doy media vuelta y contemplo el espectaculo que parece sacado de una de las novelas que algún día me gustaría escribir. Y me pregunto si alguien se dará cuenta de cada minúsculo detalle e inventarán historias sobre mí. Sonrío y me despido con un breve pero intenso latido de mi corazón.
A las 8:50 el mundo despierta, y esa calle, mi calle, parece revolverse al compás de la sinfonía de cualquiera de aquellos locos que dedicaron su vida a la música. Las notas de un viejo tocadiscos...